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Colombia.- 10 de julio del 2018/ El tráfico ilegal de oro es un problema que cada vez tiene más arraigo en Sudamérica. Este negocio criminal al año puede amasar más de US$7 mil millones en exportaciones. Al tiempo que se expande y destruye el medio ambiente, generando a su paso una cadena de otros delitos como la trata de personas, la explotación infantil y -sobre todo- corrupción generalizada.

Tal es el auge de este crimen que el precioso metal ya es considerado “la nueva cocaína”, en tanto se alimenta de la demanda en el exterior, al igual que el narcotráfico. Solo que esta actividad parece ser más rentable y cuenta con notorias ventajas para su exportación.

Un artículo del diario peruano El Comercio señala que mientras un kilo de droga elaborada con coca puede venderse en el mercado negro a US$2 mil, uno de oro puede llegar a costar US$35 mil. Precio que incrementa según su valor internacional. Y es que, a diferencia de la cocaína, este producto no es ilegal y puede ser vendido con facilidad en refinerías y hasta en bancos centrales de cualquier parte del mundo.

De ello da cuenta el aún ministro de Minas y Energía colombiano, Germán Arce, quien en declaraciones al portal de investigación Market Slant aseguró que su país está “preocupado” de que parte del oro extraído de forma ilegal haya “llegado hasta las cámaras acorazadas de algunos bancos centrales”. Declaración que enciende aún más las alarmas sobre este tema si se considera que solo en 2016 el 80% del oro que exportó esa nación fue de origen ilícito y generó un aproximado de US$2 mil millones, según un informe del organismo suizo Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

A fin de cuentas, los municipios que presentan mayores problemas con esta actividad son Segovia y Remedios (Antioquia), dos zonas que en 2009 fueron consideradas por la ONU como las más contaminadas del mundo.

Pero Colombia está lejos de ser el territorio más afectado por este mal. En Perú, el quinto productor de oro del mundo, existe una industria minera ilegal que extrae cerca de 75 toneladas de oro al año, lo que constituye la mitad del total extraído en las minas de la nación andina anualmente. Proporción que, si bien no alcanza los niveles de Colombia, sí constituye un porcentaje preocupante.

Esto ha sido suficiente para que el territorio andino se haya convertido en la capital del tráfico de oro de Latinoamérica. Pues el metal extraído ilegalmente por esas tierras ha logrado infiltrarse en los canales legales de exportación de tal forma que ha alcanzado las 30 toneladas de oro anuales en Perú, llegando incluso a aumentar el envío de este elemento desde sus vecinos, Ecuador y Bolivia, donde se ha registrado un incremento en sus exportaciones de alrededor de 45 toneladas anuales en los últimos tres años, sin que se haya incrementado su producción minera.

Incluso, se estima que en Bolivia existen entre 1.000 y 4.000 cooperativas mineras, aunque solo hay registradas unas 500, según datos de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA). La organización advierte que en el país “la minería legal ingresa en circuitos de comercialización ilegal de manera permanente”.

Pese a que es difícil rastrear este mercado, Iniciativa Global calcula que al menos unas 68 toneladas de oro ilegalmente extraídas de la región amazónica y de la frontera norte con Perú han conseguido salir de este territorio para exportarse con todos los certificados de legitimidad hacia Estados Unidos y Suiza. Según la ONG, la explicación de que el tráfico prospere pese a los estrictos controles es el alto nivel de corrupción que han alcanzado.

Una investigación del rotativo El Comercio reveló que el 50% de la actividad de minería ilegal en Perú está en Madre de Dios, donde casi la totalidad del oro es extraído ilegalmente; Cusco y Puno. Uno de los mayores enclaves de esta actividad está ubicado en el centro de La Rinconada (Puno). Este es el punto de partida de las rutas más transitadas, que llegan a Brasil por Iñapari, a Bolivia por Perlas de Oro y Desaguadero, y a Chile vía Tacna.

Todo ello a través de un crimen que ha tenido un impacto económico sobre el territorio andino de alrededor de 3.500 millones de dólares que han dejado de entrar en su sistema financiero, sin contar los impuestos y tasas por explotación que también debieron ingresar a la nación, de acuerdo con el diario El Peruano. Además, a ello hay que añadir otro golpe, que además le cuesta dinero al propio Estado peruano: los daños medioambientales causados por las explotaciones ilegales.

Y es que, a la deforestación de bosques, muchos de ellos protegidos, y a la afectación de importantes fuentes de agua, se suma la contaminación por mercurio, el químico usado para separar el oro. Se estima que, por cada kilo de oro producido, se liberan cerca de 1,3 kilos de mercurio que contaminan las fuentes acuíferas y las poblaciones humanas que consumen agua y pescado.

 

Oro para lavar dinero sucio

En México, parte de la minería ilegal está vinculada a los cárteles de la droga, que han encontrado así una manera de lavar los dólares del narcotráfico y una importante fuente de ingresos. Cárteles como el de Sinaloa, Los Zetas o Los Caballeros Templarios tienen control sobre zonas mineras y exigen pagos a trabajadores y empresas. Según un informe de 2012 de la Procuraduría General, estas organizaciones cobran a las compañías entre 11.000 y 37.000 dólares al mes por trabajar en su territorio. De allí que las autoridades estadounidenses miren con atención este problema, considerando que buena parte del oro ilegal ingresa a sus fronteras.

Estados Unidos depende del oro latinoamericano para alimentar la fuerte demanda de sus industrias de joyas, lingotes de oro para inversionistas y equipos electrónicos. La cantidad de este metal que pasa todos los años por Miami equivale a casi el 2% del valor de mercado de las reservas federales del oro en las bóvedas de Fort Knox. No obstante, gran cantidad de ese producto proviene de minas ilegales en lo profundo de las selvas.

Los delincuentes consideran la minería y la comercialización de metales preciosos un mercado lucrativo, cuidadosamente oculto de los consumidores estadounidenses, a quienes les gusta lucir joyas pero no saben de dónde viene el oro, ni quién sale afectado.

Ahora los fiscales están investigando toda la industria del oro en el sur de la Florida con pesquisas a otros distribuidores de metales preciosos que se sospecha compran oro extraído ilegalmente a narcotraficantes, dicen fuentes judiciales. El objetivo es no solamente sacar del juego a compañías que manejan oro ilegal. También quieren golpear a los carteles de las drogas, de acuerdo con el Nuevo Herald.

Esto debido que durante las últimas dos décadas, en momentos que la guerra de Estados Unidos contra las drogas ha afectado el flujo de efectivo de los traficantes, los narcos se han diversificado y han entrado al sector del oro en América Latina. 

El resultado ha sido que el oro que tienen las joyas, monedas y teléfonos de los estadounidenses ayuda a los narcotraficantes a financiar envíos de drogas a ese país, así como a la extracción ilegal de oro en América Latina, afirman autoridades judiciales.

Un informe del portal Ojo Público del 2015 señaló que las empresas MKS Finance (Suiza), Metalor Technologies (Suiza), Italpreziosi (Italia) y Kaloti (Emiratos Árabes Unidos) también son sospechosas de comprar oro ilegal en el Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador.

La cadena económica de la ruta del oro es bastante enrevesada y su trazabilidad es compleja. La irrupción de los grupos criminales en el entramado minero ha obligado a países andinos a suscribir diferentes convenios supranacionales para destruir maquinaria, por ejemplo, con el fin de obstaculizar la expansión ilegal y extractivista aurífera.

Pese a que países como Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Brasil o Guyana han avanzado en normativa nacional y han establecido sanciones penales para la minería ilegal, la actividad ilícita sigue ganando la batalla. Al punto que América Latina es la región con mayores índices de minería ilegal de oro del mundo.

Investigaciones recientes apuntan a nuevos mercados como China, India, Dubai o Hong Kong que no son tan responsables o conscientes de estas actividades y no siempre piden certificación de origen o rastrean el oro que compran.

Otro eslabón de esta cadena lo conforman diversas empresas destinadas a la compraventa de minerales que no se adhieren a los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de la ONU y que aún no han implementado mecanismos eficaces para mapear las cadenas de suministro y procedencia del oro. Organizaciones especializadas piden que se persiga y penalice a toda empresa implicada en cualquier actividad ilícita.

*NOTA ACLARATORIA: La Publicación de este tipo de información por parte de la UAF, es de carácter referencial y de mera ilustración para los usuarios de la página web sobre determinadas novedades y/o tópicos de especial interés en la materia de PLD/FT; y consecuentemente tiene como único fin la recomendación de lectura para su conocimiento. No constituye, por consiguiente, ninguna instrucción por parte de la UAF ni obligación alguna para los Usuarios del Sitio Web de la UAF.

Texto original publicado en: http://www.antilavadodedinero.com/antilavadodedinero-noticias-articulo.php?id=23519&title=el-oro-nueva-estrella-del-trafico-ilegal

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